¿Por qué cuanto más busco a mi pareja, más se aleja?

Mi pareja se aleja cuando discutimos: cuando uno busca y el otro necesita distancia

Hay discusiones de pareja que cambian de tema, de día y de motivo… pero, en el fondo, parecen siempre la misma discusión.

Uno necesita hablar.

El otro necesita espacio.

Uno pregunta:

“¿Qué te pasa?”

El otro responde:

“Ahora no quiero hablar”.

Uno intenta acercarse.

El otro se aleja.

Y a veces se crea este círculo:

Cuanto más te alejas → más te busco.

Cuanto más me buscas → más necesito alejarme.

Dos personas intentando resolver el mismo malestar de formas completamente diferentes.

Y, sin darse cuenta, activándose mutuamente.

¿Por qué necesito hablar inmediatamente cuando discutimos?

Imagina que después de una discusión tu pareja deja de hablarte, necesita estar sola o simplemente se muestra más distante.

Para algunas personas esto es desagradable, pero pueden esperar. Para otras, la distancia se vuelve casi insoportable.

Empiezan las preguntas.

“¿Está enfadado?”

“¿Seguimos bien?”

“¿Y si esta vez es diferente?”

“¿Por qué no podemos solucionarlo ya?”

Y aparece una necesidad enorme de recuperar la conexión.

Hablar.

Preguntar.

Mandar un mensaje.

Buscar una respuesta.

Aclarar qué ha ocurrido.

Desde fuera puede parecer insistencia.

Pero debajo de esa insistencia muchas veces hay otra cosa:

“Necesito saber que seguimos estando bien”.

La búsqueda del otro se convierte entonces en una forma de intentar recuperar seguridad.

¿Y por qué algunas personas necesitan alejarse cuando hay un conflicto?

Al otro lado puede estar ocurriendo algo completamente diferente.

La intensidad de la conversación, las preguntas, el enfado o la sensación de tener que responder inmediatamente pueden generar muchísimo malestar.

Y aparece otra necesidad: salir de ahí.

Callarse.

Cambiar de habitación.

Dejar la conversación para después.

Pensar a solas.

Desconectar.

Desde fuera puede parecer indiferencia.

“Se va porque le da igual”.

“Nunca quiere solucionar nada”.

“En cuanto tenemos un problema, desaparece”.

Pero no siempre alejarse significa que la relación importe poco.

En algunas personas, la distancia funciona precisamente como una manera de regular una emoción que en ese momento resulta demasiado intensa.

Debajo de “Déjame en paz” puede haber algo parecido a “Ahora mismo no sé estar aquí sin sentirme desbordado”.

Cuando dos formas de protegerse chocan

Aquí aparece el problema.

La persona que necesita conexión interpreta la distancia desde su propio miedo:

“Se está alejando de mí”.

Así que intenta acercarse todavía más.

Pero la persona que necesita espacio interpreta ese acercamiento desde su propio malestar:

“No puedo respirar. Necesito salir de aquí”.

Así que se aleja todavía más.

Y acabamos teniendo una especie de círculo que se alimenta solo:

Cuanta más distancia percibo, más busco.

Cuanto más me buscas, más distancia necesito.

Lo curioso es que ambos comportamientos pueden tener el mismo objetivo: volver a sentirse seguros.

Solo que cada persona ha aprendido a buscar esa seguridad de una manera diferente.

Lo que vemos y lo que puede haber debajo:

Esta diferencia es una de las cosas que más me interesa trabajar en consulta.

Porque normalmente vemos la conducta del otro.

Pero no vemos lo que ocurre debajo.

Vemos:

“No para de preguntarme qué me pasa”.

Debajo puede haber:

“Tengo miedo de que esta distancia signifique que algo entre nosotros ha cambiado”.

Vemos:

“Se va y parece que le da igual”.

Debajo puede haber:

“Necesito alejarme porque no sé manejar todo lo que estoy sintiendo ahora mismo”.

Esto no significa que siempre exista esta explicación.

Ni que perseguir al otro, ignorarlo, desaparecer durante días o no respetar sus límites sea una forma adecuada de gestionar los conflictos.

Entender una reacción no significa justificarla.

Significa comprender qué está intentando resolver para poder aprender a hacerlo de otra manera.

¿Qué tiene que ver el apego con las discusiones de pareja?

Nuestra forma de relacionarnos no empieza con nuestra última pareja.

A lo largo de nuestra historia vamos construyendo expectativas sobre qué podemos esperar de los demás y qué necesitamos hacer cuando sentimos que un vínculo está en peligro.

Aprendemos qué ocurre cuando necesitamos a alguien.

Qué pasa cuando mostramos enfado.

Qué podemos esperar después de un conflicto.

Qué hacemos cuando sentimos distancia.

Y qué estrategias nos ayudan a recuperar cierta sensación de seguridad.

Por eso nuestras experiencias de apego pueden influir en cómo vivimos determinadas situaciones dentro de nuestras relaciones adultas.

Pero aquí haría una puntualización importante.

No necesitamos convertir cada comportamiento en una etiqueta.

“Yo soy apego ansioso”.

“Mi pareja es evitativa”.

Y caso cerrado.

Las personas somos bastante más complejas que una categoría y podemos reaccionar de maneras diferentes dependiendo de la relación, del momento y de lo que esté ocurriendo.

El apego puede ayudarnos a comprender patrones.

No debería convertirse en otra forma de encasillarnos.

Entonces, ¿quién debería cambiar?

Esta pregunta tiene un poco de trampa.

Porque cuando estamos dentro del círculo solemos pensar:

“Si dejara de alejarse, yo no tendría que perseguirle”.

O:

“Si dejara de perseguirme, yo no necesitaría alejarme”.

Y probablemente haya una parte de verdad en las dos.

Pero si cada uno espera a que el otro cambie primero, el círculo continúa.

El trabajo empieza cuando podemos reconocer nuestra propia parte del patrón.

Si necesito acercarme:

¿Puedo expresar que necesito seguridad sin exigir una respuesta inmediata?

¿Puedo tolerar algo de distancia sin interpretar automáticamente que significa abandono?

Si necesito alejarme:

¿Puedo pedir espacio sin desaparecer?

¿Puedo decir cuándo voy a retomar la conversación para que la otra persona no se quede en una incertidumbre indefinida?

No se trata de que uno gane y el otro ceda. Se trata de construir una tercera posibilidad. Una forma de relacionarnos en la que pueda haber espacio sin abandono y cercanía sin invasión.

Comprender lo que ocurre cambia la discusión

Quizá el cambio más importante ocurre cuando dejamos de ver delante a alguien que “lo hace todo mal” y empezamos a reconocer el patrón en el que ambos estamos entrando.

No para quitar responsabilidad a nadie.

Sino para poder hacer algo diferente.

Porque quizá detrás de “¿por qué no me dejas en paz?” y de “¿por qué no puedes hablar conmigo?” haya dos personas intentando responder, cada una como sabe, a una pregunta bastante parecida: “¿cómo consigo volver a sentirme seguro aquí?”

Y cuando podemos empezar a hablar de eso, ya no estamos hablando únicamente de quién empezó la discusión.

Estamos hablando de cómo nos relacionamos cuando alguien nos importa.


Cuando este patrón se repite en tus relaciones:

A veces somos capaces de reconocer perfectamente el círculo y, aun así, nos resulta muy difícil salir de él.

Porque no siempre basta con saber lo que hacemos. También necesitamos entender qué se activa en nosotros para necesitar hacerlo.

En terapia podemos trabajar esos patrones, comprender cómo se relacionan con nuestra historia y aprender otras formas de manejar la cercanía, la distancia y los conflictos.

Soy psicóloga sanitaria en Madrid, especializada en trauma y apego adulto, y trabajo de manera presencial y online desde un enfoque de psicología integradora.

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