Hay una frase que escucho muchísimo en consulta:
A veces viene acompañada de otras:
“No sé qué me pasa”
“No puedo con todo”.
“No entiendo por qué sigo igual”.
“No desconecto”.
“Voy en piloto automático”.
Y detrás suele haber bastante frustración.
Porque es más fácil pedir ayuda cuando podemos señalar un problema concreto.
Pero ¿qué hacemos cuando solamente sabemos que no estamos bien?
No siempre sabemos poner nombre a lo que sentimos. Podemos notar cansancio, irritabilidad, ansiedad, apatía, dificultades para dormir, necesidad de aislarnos o una sensación constante de saturación.
Pero no encontrar una explicación clara.
Y entonces intentamos seguir.
Hasta que algo aparentemente pequeño nos desborda.
No siempre existe un acontecimiento concreto que explique cómo nos sentimos. A veces el malestar es el resultado de muchas cosas pequeñas acumuladas durante demasiado tiempo.
“Pero si en mi vida está todo bien…”
Esta frase también aparece mucho.
Tengo trabajo.
Tengo pareja.
Tengo amigos.
No ha pasado nada especialmente grave.
“No debería sentirme así.”
Pero nuestras emociones no funcionan haciendo un inventario objetivo de las cosas buenas y malas que tenemos.
Podemos tener una vida aparentemente estable y estar agotados. Podemos querer muchísimo a nuestra pareja y tener dificultades en el vínculo. Podemos funcionar perfectamente de cara a los demás y llevar meses sobreviviendo por dentro.
Una cosa no invalida la otra.
¿Qué hacemos en terapia cuando no sabes por dónde empezar?
Precisamente empezar por ahí.
No necesitas llegar a consulta con una explicación perfecta de lo que te ocurre.
Parte del proceso consiste en construirla.
Vamos observando cuándo aparece el malestar, qué situaciones lo intensifican, cómo te relacionas con tus emociones, qué haces cuando necesitas algo, qué ocurre en tus relaciones y qué patrones se repiten.
Poco a poco algo que inicialmente parecía:
“Estoy mal y no sé por qué”
puede empezar a convertirse en: “Ahora entiendo qué me ocurre cuando pasa esto”.
Y esa diferencia importa.
Porque aquello que podemos reconocer también podemos empezar a manejarlo de otra manera.
No necesitas saber exactamente qué te pasa para pedir ayuda.
A veces basta con saber:
“No quiero seguir sintiéndome así.”

