Hay algunas personas que viven con una sensación difícil de explicar (pero fácil de entender entre quienes lo han experimentado): como si nunca consiguieran relajarse del todo.
Ese “como sí” ocurre, aunque las cosas vayan bien, no haya un problema real delante y racionalmente sepan que todo está en orden… El cuerpo sigue esperando que ocurra algo.
A menudo describen esa sensación de muchas maneras.
«Le doy demasiadas vueltas a todo».
«No consigo desconectar».
«Siempre estoy pendiente de los demás».
«Me sobresalto con facilidad».
«Necesito tenerlo todo bajo control».
Y casi siempre llegan con la misma conclusión.
«Creo que soy demasiado sensible.»
¿Y si el problema no fuera tu sensibilidad?
Vivimos en una sociedad que valora la capacidad de aguantar, de seguir adelante, de controlar las emociones, hiperproductividad y desconexión.
Por eso es fácil acabar pensando que sentir mucho es un defecto.
Sin embargo, desde la psicología sabemos que muchas de nuestras reacciones tienen sentido cuando entendemos la historia que hay detrás. El por qué y para qué hacemos las cosas.
La realidad es que nuestro cerebro está diseñado para ayudarnos a sobrevivir y no distingue especialmente bien entre un peligro físico y un peligro emocional.
Si durante mucho tiempo vivimos situaciones impredecibles, relaciones en las que no sabíamos cómo iba a reaccionar la otra persona, ambientes muy críticos o experiencias donde no nos sentimos suficientemente seguros, nuestro sistema de alarma aprende algo muy sencillo: «Más vale estar preparado.»
Y cuando aprende eso…
lo sigue haciendo incluso cuando el peligro ya ha desaparecido.
Hay una metáfora que utilizo mucho en consulta.
Imagina un detector de humo.
Su función es avisarte cuando hay un incendio.
Ahora imagina que ese detector empieza a sonar cada vez que preparas una tostada.
El detector no está estropeado, simplemente está demasiado sensibilizado.
Con nuestro sistema nervioso puede ocurrir algo parecido.
Después de determinadas experiencias, empieza a detectar amenazas donde otras personas quizá no las perciben. Por eso algunas discusiones se viven como si el vínculo estuviera en peligro, algunos silencios generan una enorme inquietud, descansar puede sentirse extraño, etc.
No porque haya algo malo en ti. Sino porque tu cuerpo aprendió que mantenerse alerta era una forma de protegerte.
Entonces… ¿se puede cambiar?
Sí. Pero no cambiamos luchando contra nosotros mismos ni repitiéndonos que deberíamos dejar de preocuparnos.
El cambio suele comenzar cuando entendemos que muchas de nuestras respuestas tuvieron una función.
Nos ayudaron.
Nos protegieron.
Nos permitieron adaptarnos a situaciones difíciles.
Y precisamente porque fueron aprendidas…también pueden modificarse.
Esto no ocurre de un día para otro y tampoco es una cuestión de fuerza de voluntad. Este tipo de cambios surgen creando nuevas experiencias de seguridad donde poder entender e integrar que, aunque en el pasado no estuvimos seguras, ahora sí lo estamos y podemos soltar la alerta.
Comprender(nos) también es una forma de cuidar(nos).
En consulta no busco convencer a nadie de que deje de sentir. Buscamos comprender por qué sientes lo que sientes.
Porque cuando entendemos el origen de nuestras respuestas, dejamos de pelearnos con ellas. Sobre todo, si conseguimos abrazar esas dificultades y hablarnos y tratarnos con amabilidad. Desde ese cariño que tendríamos con una amiga que lo está pasando mal, es mucho más fácil empezar a construir formas nuevas de relacionarnos con nosotros mismos y con los demás.
Quizá no eres exagerado…Quizá durante mucho tiempo tu cuerpo hizo exactamente lo que necesitaba hacer para protegerte.
Y tal vez ahora ha llegado el momento de enseñarle que ya no está solo.
A veces llevamos años intentando cambiar nuestras reacciones sin entender de dónde vienen. En terapia no se trata solo de reducir los síntomas, sino de comprender la historia que hay detrás para construir nuevas formas de sentirnos seguros, relacionarnos con los demás y con nosotros mismos.
Si crees que este tema conecta con lo que estás viviendo, estaré encantada de acompañarte en ese proceso.

