Entenderte no justifica todo. Pero cambia muchas cosas.

  • “Sé que no debería ponerme así”.
  • “Sé que estoy exagerando”.
  • “Sé que no tiene sentido que me afecte tanto”.
  • “Sé que debería dejar de darle vueltas”.
  • “Sé que esta persona no tiene la culpa”.

Hay algo curioso en muchas de estas frases.

La persona ya sabe lo que debería hacer.

Sabe que preocuparse durante horas no va a solucionar el problema; que controlar constantemente lo que ocurre no le ayuda; que desaparecer cuando algo le duele genera dificultades en sus relaciones; que decir que sí cuando quiere decir que no termina haciéndole daño.

Y, aun así, vuelve a hacerlo.

Entonces aparece una pregunta:

“Si sé todo esto, ¿por qué sigo reaccionando igual?”

Quizá porque saber qué hacemos no es exactamente lo mismo que comprender por qué necesitamos hacerlo.

¿Por qué reacciono así si sé que no quiero hacerlo?

Nos gusta pensar que nuestras reacciones siguen un proceso bastante sencillo: ocurre algo → pensamos qué hacer → respondemos.

Pero muchas veces no funciona exactamente así.

Tenemos respuestas que aparecen casi automáticamente:

  • Nos ponemos a la defensiva.
  • Nos alejamos.
  • Buscamos al otro.
  • Intentamos controlar.
  • Nos callamos.
  • Complacemos.
  • Nos enfadamos.
  • Le damos vueltas a algo durante horas.

Y después, cuando la intensidad ha bajado, somos capaces de mirar la situación desde fuera y pensar:

“Otra vez”.

Muchas de estas respuestas no aparecen de la nada. Se han ido construyendo a través de nuestras experiencias, nuestros vínculos y las formas que hemos aprendido para manejar determinadas emociones.

Nuestras reacciones tienen una historia

A lo largo de nuestra vida aprendemos mucho más que aquello que podemos explicar con palabras.

  • Aprendemos qué ocurre cuando pedimos ayuda.
  • Qué podemos esperar de los demás.
  • Qué pasa cuando alguien se enfada.
  • Si podemos expresar nuestras necesidades.
  • Cómo reaccionan los demás cuando estamos tristes.
  • Qué hacemos cuando sentimos que alguien importante se aleja.
  • Si el conflicto puede resolverse o significa que algo malo está a punto de ocurrir.

Vamos construyendo maneras de protegernos y de relacionarnos.

Por eso algunas respuestas que actualmente nos generan dificultades pudieron tener sentido en otro momento.

Estar muy pendiente de los demás pudo ayudarte a anticipar conflictos.

Agradar pudo ayudarte a mantener determinados vínculos.

No pedir ayuda pudo protegerte de algunas decepciones.

Controlar pudo darte cierta sensación de seguridad.

Alejarte pudo ayudarte cuando sentirte vulnerable resultaba demasiado difícil.

Nada de esto significa que necesariamente siga siendo útil hoy.

Pero sí significa que existe una diferencia importante entre pensar “estoy mal hecha” o pensar “aprendí a responder así por alguna razón”.

Comprender no significa justificar

Aquí aparece una distinción que para mí es fundamental.

Comprender por qué hacemos algo no significa justificar cualquier cosa que hagamos.

Podemos entender por qué alguien grita cuando se siente amenazado y seguir reconociendo que gritar puede hacer daño; por qué necesitamos controlar a nuestra pareja y asumir que controlar al otro no es una forma saludable de manejar nuestro miedo; por qué evitamos los conflictos y trabajar para dejar de desaparecer cada vez que aparece uno; nuestra necesidad de agradar y aprender a poner límites.

Una explicación no elimina nuestra responsabilidad. Al contrario.

Puede ayudarnos a responsabilizarnos de una manera diferente.

Porque es mucho más difícil cambiar algo cuando nuestra única explicación es:

“Soy así”.

Entender el origen no significa quedarse atrapado en el pasado

Otra confusión frecuente es pensar que comprender nuestras reacciones significa buscar constantemente explicaciones en nuestra infancia.

No se trata de eso.

Ni todo procede de la infancia, ni todas nuestras dificultades actuales tienen que explicarse a través de un acontecimiento traumático.

Nuestra manera de funcionar se construye a partir de muchas cosas: temperamento, experiencias, relaciones, aprendizajes posteriores, contexto y circunstancias actuales.

Mirar nuestra historia sirve cuando nos ayuda a comprender qué estamos haciendo hoy.

No buscamos culpables.

Buscamos conexiones.

¿Qué situaciones me activan?

¿Qué siento justo antes de reaccionar?

¿Qué temo que ocurra?

¿Qué intento conseguir cuando hago esto?

¿Qué estoy intentando evitar?

¿Qué necesito en ese momento?

Estas preguntas suelen resultar bastante más útiles que:

“¿Qué me pasa?”

“Entiendo perfectamente de dónde viene, pero sigo haciéndolo”

Y esto también ocurre.

A veces conseguimos una explicación estupenda de nuestro patrón.

Sabemos perfectamente de dónde viene.

Lo reconocemos.

Podríamos incluso explicárselo a otra persona.

Y volvemos a hacerlo.

Porque comprender intelectualmente algo no lo cambia automáticamente.

Saber que no necesito agradar a todo el mundo no hace que desaparezca inmediatamente la culpa cuando alguien se enfada conmigo.

Saber que mi pareja no me está abandonando no significa que la distancia deje automáticamente de activarme.

Saber que descansar es necesario no elimina la incomodidad de parar si llevo años asociando mi valor a lo que hago.

La comprensión es importante.

Pero después necesitamos experiencias diferentes.

El cambio ocurre también en lo que hacemos después

Quizá siga apareciendo miedo cuando alguien se aleja…pero puedo esperar antes de mandar cinco mensajes.

Quizá siga sintiendo culpa al poner un límite…pero puedo mantenerlo.

Quizá una discusión siga activándome…pero puedo aprender a reconocerlo y pedir un momento antes de responder.

Quizá siga queriendo solucionarlo todo sola…pero esta vez puedo pedir ayuda.

Esto también es cambio.

No necesariamente dejar de sentir inmediatamente lo que sentíamos.

Sino poder responder de otra manera a eso que sentimos.

Con el tiempo, esas nuevas respuestas también pueden convertirse en nuevos aprendizajes.

Del “¿qué me pasa?” al “¿qué me está pasando?”

Puede parecer una diferencia pequeña.

Pero no lo es.

“¿Qué me pasa?” puede convertirse fácilmente en un juicio sobre nosotros mismos.

Soy demasiado sensible.

Soy dependiente.

Soy complicada.

Soy fría.

Soy insegura.

Soy incapaz de poner límites.

En cambio:

“¿Qué me está pasando?”

abre una pregunta.

¿Qué ha ocurrido?

¿Qué se ha activado?

¿Qué estoy sintiendo?

¿Qué necesito?

¿A qué me recuerda esto?

¿Qué estoy intentando proteger?

La primera pregunta puede convertirse en una etiqueta.

La segunda nos permite investigar.

Y cuando empezamos a entender lo que ocurre, podemos dejar de luchar constantemente contra nosotros mismos para empezar a trabajar con nosotros mismos.

Entenderte no justifica todo, pero cambia muchas cosas

Durante mucho tiempo podemos mirar algunas partes de nosotros únicamente desde aquello que nos gustaría cambiar.

Ojalá no fuera así.

Ojalá no me afectara.

Ojalá pudiera controlarlo.

Ojalá fuera diferente.

Pero quizá podamos añadir algo.

“Entiendo por qué aprendiste a hacer esto”.

Y después:

“Ahora vamos a buscar otra manera”.

Las dos cosas pueden convivir.

Podemos tratarnos con amabilidad y responsabilizarnos de nuestras conductas.

Podemos reconocer nuestra historia sin permitir que determine todo nuestro presente.

Podemos comprender una reacción y decidir que queremos cambiarla.

Podemos aceptar que algo nos protegió y reconocer que ahora nos está haciendo daño.

Comprendernos no consiste en encontrar una explicación que lo justifique todo.

Consiste en tener suficiente información sobre nosotros mismos como para poder empezar a elegir.

Y quizá ahí esté una de las diferencias más importantes: pasar de reaccionar automáticamente a empezar a responder.

Comprender nuestros patrones en terapia

A veces sabemos perfectamente qué queremos cambiar, pero no entendemos por qué seguimos repitiendo las mismas respuestas.

En terapia podemos explorar qué activa esos patrones, qué función han tenido, cómo se relacionan con nuestra historia y, sobre todo, qué necesitamos aprender ahora para poder responder de otra manera.

Trabajo como psicóloga sanitaria en Madrid, especializada en trauma y apego adulto, desde un enfoque de psicología integradora, de manera presencial y online.

→ Psicoterapia para adultos en Madrid y online

Compartir en:

Artículos relacionados que pueden interesarte

¡Bienvenidos a mi consulta de psicología en Madrid!

Estoy aquí para brindarte el apoyo y la orientación que necesitas para afrontar los desafíos emocionales y psicológicos que puedas estar experimentando.

¡No dudes en contactarme para programar una consulta y comenzar este importante viaje hacia el bienestar!

Belen Niño Psicologia
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.